La Mediación Prejudicial obligatoria: una propuesta al país

 Este artículo está publicadoen la revista Novedades Jurídicas Octubre 2010












La importancia de la autoridad y la educación en la infancia

Por: Juan Diego Zambrano
Taller realizado el lunes 11 de octubre 2010

El taller se empieza con una dinámica, a saber: el juego de “Simón dice…” seguido de la respectiva reflexión
de por qué este juego se relaciona con el taller. Este es un juego para tres o más personas, en la que uno de los participantes dirige una orden y los otros deben hacer lo que “Simón dice”. El truco está en la frase mágica "Simón dice…", pues lo que se pone en juego es la capacidad de distinguir entre las peticiones válidas
e inválidas, más que la capacidad física de hacerlo. Si se dice "Simón dice salta", los jugadores deben saltar o
quedan eliminados, si se dice simplemente "salta", no deben saltar o quedarán eliminados igualmente.

Esta dinámica también nos permite reflexionar sobre los roles que cada participante ocupa, y la importancia del rol al ser una conducta que se espera en una situación determinada, así como la autoridad de quién ordena, al ser un poder ejercido en relación una función que le es legitimada. Estos han sido los puntos para
considerar la dinámica de “Simón dice…” como una metáfora apropiada a la hora de explicar que la función
de los padres es ser educadores de sus hijos. Educar es formar un ser humano y para lograrlo es necesaria
una asimetría, la función padre o madre no exige neutralidad. Que el adulto no asuma esa posición, queriendo posicionarse como igual al niño (como amigo) induce a la perplejidad, a veces a la agresión, como
si el niño intentara probar los límites del adulto.

En el niño hay una imposibilidad de cuestionar las conductas de sus padres, especialmente cuando se argumentan con él “es por tú bien”, y de eso justamente se trata, pues educar es fomentar el crecimiento de la autonomía y el sentido crítico frente a lo que pueden y no pueden hacer los padres y los niños; no se trata de que el niño cuestione estas conductas sino de que las entienda, que, como en el juego, reconozca las peticiones “válidas” e “inválidas”.

La educación es eso, incitación a la crítica. A una persona se la juzga en relación a otra. Y es necesario a autorizar al niño a que juzgue desde que es pequeño, a que reflexione sobre las razones por las cuales los padres actúan de tal forma, dejar que el niño ponga en duda verbalmente lo que hacen, sin significar que deben cambiar su forma de actuar. A veces los padres creen que devorar a besos a su hijo es amor, pero no, el amor se muestra también por otros gestos. Que un niño mime a su madre para evitar un castigo por
alguna tontería que hizo no es amor, ni educación. Que los padres le den una paliza por eso tampoco lo es, o
que lo mimen y lo abracen cada vez que llora tampoco. La educación se habla: por qué al adulto le inquieta
que el niño haga o haya hecho algo.

Cuando los adultos se apropian al extremo de la autoridad que creen poseer, se desvirtúa la función de educar, creen que son dueños del niño y que este no puede criticar, reflexionar o estar en desacuerdo con ellos y el único perjudicado es el niño. Es importante dejarle al niño que se exprese con la mayor naturalidad, cuando el niño expresa algo, eso tiene un sentido de comunicación y hay que decodificarlo. Hay que despertar la capacidad expresiva del niño.
Ser severo es importante, siempre que se prohíba lo que es peligroso, pero siempre con respeto. Si los
padres no son severos cuando deben el niño puede verse afectado, ya que no tiene una guía que lo oriente.
El niño forma su propia moral por experiencia e identificación. Los daños físicos, la violencia, el homicidio, el
respeto a la vida se enseñan únicamente por el ejemplo.
Luchar contra el niño no es una nunca la manera de que salga del apuro. La única forma es desarrollar sus cualidades. Habría que hablar siempre de las cualidades de cada uno y mostrarle cómo adquirirá dominio de sí mismo, amigos e inserción social. Hay que estar pendiente para no confundir un defecto con algo que no lo es. Según como se hable de ello el niño puede creer que una actitud es un defecto (curiosidad, movimiento, etc.). Estigmatizar un comportamiento, lleva a querer “corregirlo”, y esto aleja al niño de la armonía de su carácter. Es peligroso imponer al niño que frecuente niños, deporte, actividad, o arte que no le gusten.

Es muy difícil hablar de que hay una buena educación, o de que hay un manual de cómo educar, esta sólo se podrá reconocer con posterioridad. Hay que dejar al niño lo más libre que se pueda sin imponer reglas carentes de interés. Hay que dejarlo en el marco de las reglas indispensables para su seguridad y él se dará cuenta por experiencia (cuando trate de transgredirlas) que son indispensable. Las reglas tontas pueden hacer que los niños se contraríen es sus iniciativas en sus actividades, si se retrasan es por falta de libertad de movimientos, de experiencias, de intercambios. La trampa está en que los padres no reconocen las verdaderas necesidades del niño, lo que importa es que el niño se sienta fuera de peligro, que sea autónomo lo más pronto posible. Lo que permite superar el fracaso no es hacer todo por él y en lugar de él, y enfadarse cuando se equivoca.