BULLYING



B U L L Y I N G

Roberth  Puertas  Ruiz
rpuertas@pbplaw.com

Este es un término inglés que se ha puesto de moda en nuestra sociedad. Se lo utiliza especialmente para referirse al maltrato físico y/o psicológico intencional y constante que se da entre escolares. Como en otros tipos de maltrato, predomina el emocional sobre el físico y puede ser realizado por diferentes medios, entre ellos, a través de las redes sociales (cyberbullying o ciberacoso).

El bullying afecta el normal desarrollo de la víctima y por lo general cuenta con el silencio, indiferencia e incluso complicidad de otros estudiantes. Hay uno o varios agresores que por medio de un poder real o supuesto someten a una o varias víctimas. Las consecuencias en las víctimas son de diversa índole, entre ellas encontramos lesiones físicas y afectaciones psicológicas que se traducen en faltas constantes a la escuela, enfermedades recurrentes, aislamiento, bajo rendimiento, depresión  y en ciertos casos la muerte por suicidio.

Los agresores desarrollan varios mecanismos para mostrar su poder y dañar a sus víctimas. Algunos con sus acciones buscan que las víctimas sean marginadas del grupo social, para lo cual prohíben y amenazan a quienes se lleven o hablen con ellas; en ciertos casos llegan a golpear a la víctima para mostrarla débil e indigna de ser amiga de otros niños. También recurren a la estigmatización mediante el uso de apodos, rumores o la ridiculización de lo que hace, dice o hacen alusiones a raza, sexo, identidad de género, religión, ideología, orientación sexual, discapacidad o diferencia física  para que los compañeros los discriminen y los aíslen. Hay que recordar que el acosador necesita de un séquito que avale su mala conducta, por lo tanto nunca se reduce a un único agresor. Hay agresores que obligan a sus víctimas a realizar actos contra su voluntad, a  entregarles dinero, alimentos, bienes, que les hagan sus tareas e incluso llegan a vejaciones y en extremos a abusos sexuales.

La mayoría de agresores no padecen de ninguna enfermedad mental. Se trata de personas intolerantes, incapaces de ponerse en el lugar de otro, con poco respeto por la dignidad de las personas, seguramente con carencias afectivas y de valores. El agresor busca asegurarse la impunidad por ello escoge a sus víctimas, el lugar, la hora y usa la intimidación  para que la víctima guarde silencio. Buscan reconocimiento de sus iguales y paradójicamente algunos anhelan ser descubiertos para que se les imponga límites, a través de la aplicación de la ley.

No hay que olvidar que la Constitución, la Convención sobre los Derechos del Niño, el Código de la Niñez y Adolescencia, la Ley de Educación, el Código Integral Penal y un sinnúmero de normas más garantizan la protección y la reparación integral a las víctimas de bullying  y la sanción y medidas socioeducativas para el agresor. Es bueno recordar que la legislación garantiza a todos los niños y adolescentes su vida, integridad física y su derecho a desarrollarse integralmente en un ambiente sin violencia y pone como garantes de estos derechos al Estado, a la sociedad y a la familia.

Por todo ello, frente a este fenómeno es necesario actuar de manera oportuna, integral y decidida. Urge que todos los obligados a garantizar el bienestar de los niños y adolescentes actúen. La prevención es necesaria y urgente a todo nivel,  al igual que la atención a víctimas y agresores. En la familia, los padres debemos estar atentos a los cambios conductuales de nuestros hijos, propiciar el diálogo, conocer las amistades que frecuentan, establecer límites y valores que les alejen de la posibilidad de ser víctimas o agresores. La sociedad, especialmente representada por los medios de comunicación y la escuela están en el deber, entre otras cosas, de autoregular sus contenidos y enseñar los valores para una vida en sociedad basada en el respeto,  la tolerancia a las diferencias y la resolución pacífica de conflicto. La sociedad en general, debe denunciar estos casos y no minimizarlos; a fin de proteger a las víctimas y enviar un mensaje claro a todos sus miembros de que el bullying no será tolerado. El Estado, a través de sus instituciones debe realizar todos los esfuerzos necesarios para garantizar a los niños y adolescentes una vida libre de bullying.

Como sociedad que protege a sus miembros, frente a este tipo de maltrato, debemos tener una posición clara y firme: NO  BULLYING, NO IMPUNIDAD, NO INDIFERENCIA.

(Artículo publicado en la Revista Ser Familia Nro.383 de abril de 2014)